segunda-feira, 22 de março de 2010

El Capitalismo como Delito


El Capitalismo como Delito
Antonio Salamanca Serrano[1]
Publicado en: http://www.refundacion.com.mx/revista/, 18 de marzo de 2010.


Este artículo aborda la posibilidad, necesidad y urgencia de tipificar el capitalismo como delito (como mal jurídico económico) para poder avanzar en la construcción del Socialismo en el siglo XXI (el bien jurídico económico). Se exploran, entre otros más posibles, siete nuevos tipos penales para combatir el crimen capitalista: la apología del capitalismo, la delincuencia organizada capitalista, la discriminación capitalista, la trata capitalista de personas, la esclavitud capitalista, el terrorismo capitalista y el genocidio capitalista. Una constatación fundamental del trabajo es que para dar y ganar la batalla en el frente jurídico urge a la revolución socialista contar con una Teoría Socialista del Derecho desde la que se pueda, no ya legitimarse e implementarse, sino primeramente pensarse el capitalismo como delito.




“…para cualquier persona con sentido común es evidente que los recursos existentes en un territorio sólo pueden tener una destinación, y esa directa e inmediata: satisfacer las necesidades de la población…Por tanto, quien defienda la propiedad privada afirma que los recursos existentes en la Tierra pueden ser destinados a otros fines que no son la satisfacción de las necesidades de todos los seres humanos. Nótese que lo intolerable no empieza cuando el propietario privado destina de hecho los recursos a otros fines; lo intolerable es que puede y tenga derecho de hacerlo; esa doctrina es un peligro público” (Porfirio Miranda)[2].

“Toda hegemonía perdura moralmente dos siglos después de suprimida por las leyes ¿Cabe esperar que de repente hayamos abolido todas las relaciones que fueron consecuencia del derecho feudal?” (F. Dostoyevski) [3].


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1 El mal jurídico del Capitalismo


El capitalismo es la acción organizada de un sistema económico que consiste en la expropiación a los pueblos de su praxis económica, y la consiguiente apropiación privada por una oligarquía con tendencia imperialista. Expropiación y apropiación económica que se extiende al conjunto de los modos de relaciones sociales (v.gr. intelectivas, ecológicas, afectivas, político-institucionales, psíquicas, jurídicas, policiales, militares, etc.) convirtiéndose en la totalidad de un sistema político. El capitalismo es el sistema político-económico hegemónico hoy entre los 7.000 millones de personas que habitan nuestro mundo. Un sistema en el que unos 1.000 millones acaparan el 80% de la riqueza mundial; someten a esclavitud económica a 6.000 millones; confina a 1.500 millones a vivir en estado de hambre y desnutrición permanente; y mata por esas causas diariamente a 26.000 personas, de ellas 16.000 niños, sin contar, los que son asesinados directamente por las guerras capitalistas.

La estructura de la praxis económica capitalista se articula en torno a tres fases: 1ª La expropiación violenta de la producción, circulación, distribución y consumo económicos de los pueblos, y su consiguiente apropiación privada por una oligarquía; 2ª La producción de plusvalía en un régimen de trabajo forzado. 3ª La realización y apropiación privada, en la circulación económica, del plustrabajo de los pueblos en modo de capital.

1ª La expropiación violenta de los medios de producción, circulación y apoderamiento económicos de los pueblos, y su consiguiente apropiación privada por una oligarquía. La primera manifestación de la praxis económica capitalista es la violencia de guerra expropiatoria de los medios de producción como factor económico[4] estructural originario del capitalismo. Mediante la violencia de la guerra expropiatoria el capitalista vence las fuerzas resistencia de la comunidad, sometiendo o doblegando la vida de personas y pueblos. Esa violencia es encubierta, y pretende su ‘legitimación’ jurídica, bajo la capa del derecho a la libertad económica y de apropiación de los medios de producción: el derecho a la propiedad privada capitalista de los medios de producción[5]. La propiedad capitalista de los medios de producción se convierte en categoría jurídica fundamental del capitalismo, en condición de posibilidad de toda economía capitalista. Como dice K. Marx, “… lo que yace en el fondo de la acumulación primitiva del capital, en el fondo de su génesis histórica, es la expropiación del productor inmediato, la disolución de la propiedad basada en el trabajo personal de su poseedor”[6].

Los modos históricos de guerra expropiatoria son de lo más diverso: fundamentalismo pseudorreligioso, feudalismo, capitalismo mercantilista-industrial-financiero-imperialista, imperialismo, etc. Todos ellos son presupuestos históricos para dejar a los pueblos y trabajadores reducidos a fuerza de trabajo, empobrecidos[7], y urgidos por sus necesidades[8]. Presupuestos para que los pueblos, desposeídos de sus tierras y cualquier otro medio de producción, pierdan su libertad y entren en la esclavitud ‘voluntaria’[9]. El capitalismo es en nuestros días la violencia expropiatoria hegemónica verificada históricamente. En expresión de J. Ziegler, vivimos la ‘refeudalización’ imperialista del mundo[10]. Más del 50% del producto bruto mundial es controlado (dominado) por 500 corporaciones transcontinentales privadas dedicadas a la industria, el comercio, los servicios y la banca[11]. Nos encontramos bajo un estado de violencia (agresión) expropiatoria global de la propiedad de los pueblos, y de la consiguiente generación mundial de esclavos. Es el estado de la tiranía de la apropiación privada capitalista de ‘todo’[12]. El primer totalitarismo de la propiedad privada de la producción y circulación económica a nivel mundial.

2º La expropiación de la fuerza de trabajo del trabajador. El trabajador, expropiado de sus medios de producción, aparece ante el capitalista como indigente absoluto. Urgido por las necesidades materiales de su vida, se ve sometido por la violencia (esclavitud inmediata) a vender su ‘fuerza de trabajo’ (esclavitud mediata). K. Marx señala que existe una diferencia entre la riqueza generada por la esclavitud y la generada por el trabajo asalariado. La primera se basa en un uso directo o inmediato de la violencia, la segunda se basa en un uso mediato o indirecto de la misma[13]. Pero en cualqu0ier caso, inmediata o mediata, es esclavitud que impide a los trabajadores satisfacer su necesidad de autodeterminación económica. Expropiación del trabajo que se hace cínicamente en nombre de la libertad (capitalista):

“La libertad es el estribillo más falso del capitalismo, pues […] el sistema entero está fincado sobre la falta de libertad del contrayente débil y sobre la ilusión, ideológicamente inculcada, absolutamente indispensable, de que hay libertad en transacciones cuya característica más esencial es la falta de libertad. Cada país resulta ser un coto de población humana cautiva que produce ganancias para sus amos. Por la fuerza y el engaño. El aumento general del nivel de vida no modifica en nada esa estructura, así como el esclavo no deja de ser esclavo por el hecho de que lo alimenten con faisanes y lo vistan de seda y pedrería”[14].

El contrato laboral capitalista es, en nuestros días, la mediación jurídica esencial, el encubrimiento jurídico-político (asentado en los falsos derechos burgueses de libertad, igualdad y propiedad)[15] con el que el ‘indigente o esclavo económico se ‘transmuta’ en un trabajador asalariado, y es controlado legalmente por el autoritarismo de la ‘disciplina militar empresarial’ o unidad productiva capitalista.

Sin embargo, “[d]iga el sistema jurídico occidental lo que diga, para la validez o invalidez objetivas del contrato la perspectiva de morir de hambre es una violencia tan real y tan nulificante del contrato como si el contrayente fuera amenazado con pistola”[16]. A la puerta del taller el trabajador llega engañado y/o forzado por la violencia de un encubrimiento radical. Urgidos porque necesitan satisfacer sus necesidades materiales para vivir y reproducir sus vidas, los pueblos trabajadores llaman a la puerta de la hacienda capitalista mostrando su ‘pellejo’, la exterioridad[17] de su corporalidad sensible y sufriente, su pobreza y desnudez[18]. Al encontronazo con los capitalistas llegan los pueblos creyéndose, por naturaleza, dependientes de aquéllos para poder vivir. Su vida y su muerte como trabajadores y seres humanos creen que se encuentra en la providencia del capitalista[19]. Por la urgencia de sus necesidades, y la expropiación originaria de los medios de producción, son ‘violentados’ a entrar en una unidad productiva (empresa capitalista) que es un ‘campo de concentración económico’. En el taller o las tierras de la empresa capitalista se respira la disciplina cuartelaria económica en las distintas fases productivas[20].

En virtud del contrato laboral capitalista, el dueño de los medios de producción enajena a los pueblos su fuerza de trabajo, su plusvalía, el producto de sus manos, las relaciones humanas entre ellos, y de éstos con la comunidad entera[21]. El capitalista se convierte en el dueño de la despensa nacional de fuerza de trabajo y de satisfactores laborales, y ansía la mundial. Por mediación del trastrocamiento del derecho de propiedad capitalista, y su mediación contractual laboral, “…ahora tiene derecho a la propiedad el que roba; y el que trabaja ya no tiene derecho sobre su trabajo ni sobre su producto” [22] . Por la violencia de la guerra expropiatoria y su fetichismo jurídico aparece y se perpetúa la esclavitud económica bajo las formas del derecho capitalista de propiedad, contrato laboral, herencia y deuda de los pueblos explotados[23].

3º La expropiación capitalista de los medios de circulación económica de los pueblos. En la fase de circulación, la expropiación económica capitalista consiste en: (1ª) Expropiación del mercado y las mercancías que aparecen en él. Con el control sobre ellos, mediante los precios el capitalista especula con oligopolios o monopolios, jugando con el mayor o menor grado de elasticidad de la oferta y la demanda de las necesidades que tienen los pueblos de los satisfactores laborales. De este modo maximiza sus ganancias; (2ª) Expropia y se apodera de la intermediación monetaria, esto es, se apropian del dinero, de la banca y los intermediarios financieros; (3ª) Por último, se apropia del capital, esto es, del plustrabajo de los pueblos que ha sido ‘realizado’ en el mercado como plusvalía. De esta forma, el robo de la vida del trabajador es apropiado y acumulado como beneficio privado por los capitalistas.


2 Necesidad y Legitimidad jurídica de la tipificación del capitalismo como delito


Como hemos constatado, el capitalismo es un mal jurídico: un sistema económico de guerra imperialista que genera expropiación violenta de los medios de producción de los pueblos, explotación esclavista y discriminadora de los trabajadores, y la muerte de millones de personas por hambre, enfermedad y violencia. El capitalismo genera la insatisfacción de la necesidad político-institucional que tienen los pueblos de un sistema económico que produzca y reproduzca la vida de los seres humanos (el bien jurídico del socialismo como sistema económico para la vida). Una acción que atenta contra la vida y que por consiguiente legitima, obliga y urge al gobierno revolucionario de Venezuela a intervenir jurídicamente en la vida política. El frente jurídico penal de esa intervención puede ser creando nuevos tipos penales para perseguir al capitalismo como delito (mal jurídico).

La Declaración sobre el derecho y el deber de promoción y protección de los Derechos humanos (1999) reconoce que los pueblos en general, y el venezolano en particular, están legitimados a luchar por la paz y la seguridad internacional: por la reproducción de sus vidas. Objetivo cuyo contenido exige la realización de los derechos humanos como satisfactores jurídicos de sus necesidades materiales de vida. El pueblo, en sus personas[24], grupos e instituciones, tiene el derecho, y el deber, de materializar el cumplimiento de los derechos humanos en el ámbito nacional e internacional. Está legitimado para luchar por la eliminación efectiva de todas las violaciones de los derechos humanos, especialmente en relación con violaciones masivas, flagrantes o sistemáticas como las que resultan de todas las formas de colonialismo, discriminación racial, dominación u ocupación extranjera, agresión o amenazas contra la soberanía nacional, la unidad nacional o la integridad territorial, y de la negativa a reconocer el derecho de los pueblos a la libre determinación y el derecho de todos los pueblos a ejercer plena soberanía sobre su riqueza y sus recursos naturales[25]. En relación a este último aspecto, sobre la soberanía de los pueblos a sus recursos naturales, la Resolución 1803 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en 1962, expresa con claridad que el derecho que tienen los pueblos a la soberanía permanente sobre sus riquezas y recursos naturales debe ejercerse en interés del desarrollo nacional y del bienestar del pueblo del respectivo Estado[26]. Más en concreto, la Comunidad Internacional establece las siguientes obligaciones de los Estados:

1ª Los Estados en general, y el venezolano, en particular, tienen la responsabilidad primordial y el deber de materializar: reconocer, promover, proteger e implementar todos los derechos humanos adoptando las medidas necesarias, acreditadas en tiempo razonable[27], para crear las condiciones sociales, económicas, políticas y de otra índole, así como las garantías jurídicas requeridas para que toda persona sometida a su jurisdicción, personal o colectivamente, pueda disfrutar en la práctica de todos esos derechos[28]. Entre esas medidas, el Estado venezolano, cuando sea necesario, debe:

a) Recurrir a la nacionalización, la expropiación o la requisición de las riquezas y recursos naturales como medios legítimos para la materialización de los derechos humanos. Para garantizar su buen uso, dichos medios deberán fundarse en razones o motivos de utilidad pública, de seguridad o de interés nacional. Estas razones o motivos legitiman la acción del Estado frente al mero interés particular o privado, tanto nacional como extranjero. A estos particulares, el Estado pagará la indemnización correspondiente, con arreglo a las normas en vigor en el Estado que adopte estas medidas en ejercicio de su soberanía y en conformidad con el Derecho internacional[29].

b) Defender la soberanía de los recursos naturales del pueblo venezolano frente a toda violación de otro Estado o corporaciones nacionales o extranjeras. La violación de los derechos soberanos de los pueblos y naciones sobre sus riquezas y recursos naturales es contraria al espíritu y a los principios de la Carta de las Naciones Unidas; a la cooperación internacional y la preservación de la paz[30]. En particular, los acuerdos sobre inversiones extranjeras libremente concertados por Estados soberanos o entre ellos deberán cumplirse de buena fe[31].

2ª La obligación jurídica del Estado venezolano con su pueblo en materia de Derechos Humanos es una obligación de resultado y de conducta.

La obligación de resultado exige al Estado la satisfacción de un núcleo esencial de necesidades ante las que no cabe retroceso, incluso si los recursos son escasos, dada la obligación de la solidaridad internacional, como fundamento del verdadero orden público. “La expresión orden público (ordre public), utilizada en el Pacto, se puede definir como el conjunto de normas que aseguran el funcionamiento de la sociedad, o como el conjunto de principios fundamentales sobre los que se basa una sociedad. El respeto de los derechos económicos, sociales y culturales forma parte del orden publico”[32]. La interpretación del Pacto de los Derechos Económicos Sociales y Culturales establece en el núcleo inderogable de los Derechos Humanos los siguientes:

1.1.El derecho al alimento,
1.2.El derecho a la atención médica básica (necesaria, más que básica)[33]
1.3.El derecho a la vivienda
1.4.El derecho a la educación básica (necesaria, más que básica)[34]

La obligación de conducta impone al Estado el deber de proceder en la satisfacción de las necesidades de su pueblo ‘adoptando progresivamente las medidas apropiadas que permitan los recursos disponibles’ para la realización de los derechos de su pueblo. Las medidas deberán ser: legislativas, judiciales, administrativas, financieras, educativas, sociales, etc. Dado cumplimiento precisamente a este tipo de obligaciones internacionales, y limitándonos ahora únicamente a algunas medidas legislativas, creemos que el Estado venezolano está legitimado por el Derecho de los pueblos, y por el Derecho Internacional vigente, a tipificar el capitalismo como delito. Los nuevos tipos penales que proponemos no son especialmente extraños al Derecho Internacional vigente, sino que incluso podrían tener perfecta cabida en él. Siete son esos nuevos tipos: la apología del capitalismo, la delincuencia organizada capitalista, la discriminación capitalista, la trata capitalista de personas, la esclavitud capitalista, el terrorismo capitalista y el genocidio capitalista.


2.1 Nuevo tipo penal: La apología del capitalismo

La Comunidad Internacional en el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos (1966) establece que el ejercicio del derecho a la libertad de expresión entraña deberes y responsabilidades especiales. Por consiguiente, puede estar sujeto a ciertas restricciones, que deberán, sin embargo, estar expresamente fijadas por la ley y ser necesarias para: 1º) Asegurar el respeto a los derechos o a la reputación de los demás; 2º) La protección de la seguridad nacional, el orden público o la salud o la moral públicas.

Pues bien, teniendo en cuenta que el capitalismo es el hecho verificado de un mal jurídico, el derecho a la libertad de expresión, la protección de la seguridad nacional, el orden público y la salud y moral públicas, exige entre otras cosas, la protección contra la propaganda a favor de la guerra política y económica expropiatoria del capitalismo; y protección contra “toda apología del odio nacional (también económico)… que constituya incitación a la discriminación, la hostilidad o la violencia (también económicas)[35]. En coherencia con este planteamiento resulta necesario tipificar como delito la apología del capitalismo. Su tipificación contribuye a demarcar los límites del derecho a la libertad de expresión, llenarlo de contenido y garantizar su satisfacción.

La prohibición del discurso público racista, discriminador, propagador del odio y la violencia, negacionista del holocausto, etc., resulta razonable, legítima y necesaria para la construcción de una sociedad democrática donde ser respete los derechos humanos de todas las personas y los pueblos. Pues bien, del mismo modo la democracia será imposible mientras exista la apología pública del sistema capitalista (de un delito madre de muchos delitos). De un sistema económico que se fundamenta en la expropiación de los pueblos, la discriminación social de sus miembros y el sometimiento a la esclavitud económica de las mayorías populares, y que practica el terrorismo y genocidio por hambre, enfermedad y guerra. La tipificación de la apología del capitalismo como delito es especialmente importante y necesaria para articular un proyecto político socialista revolucionario. Entre otras cosas, para la realización de un Derecho Socialista Revolucionario, para la elaboración de una rica jurisprudencia socialista, etc. Permitiría, además, probar qué hace avanzar mejor a la democracia popular, si la eliminación del sistema de partidos políticos, o la concurrencia de partidos socialistas revolucionarios (los únicos legitimados, dado que los partidos capitalistas quedan totalmente prohibidos por apologetas de los delitos más graves contra la Humanidad).


2.2 Nuevo tipo penal: Delincuencia organizada capitalista

Las Naciones Unidas, en la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional (2000) ha tipificado, y persigue, como delincuencia organizada al “grupo estructurado de tres o más personas que exista durante cierto tiempo y que actúe concertadamente con el propósito de cometer uno o más delitos graves… con miras a obtener, directa o indirectamente, un beneficio económico u otro beneficio de orden material. Por ‘delito grave’ entiende la conducta que constituya un delito punible con una privación de libertad máxima de al menos cuatro años o con una pena más grave. Por ‘grupo estructurado’ considera “un grupo no formado fortuitamente para la comisión inmediata de un delito y en el que no necesariamente se haya asignado a sus miembros funciones formalmente definidas ni haya continuidad en la condición de miembro o exista una estructura desarrollada[36].

Teniendo en cuenta este marco jurídico internacional, el socialismo revolucionario en el siglo XXI tiene la tarea y la obligación de crear, como tipo específico del grupo delictivo organizado, la delincuencia organizada capitalista. El capitalismo es un grupo delictivo organizado cuya acción consiste en la expropiación a los pueblos de la propiedad de los medios de producción y circulación económica; del trabajo y del fruto del trabajo, y su apropiación privada oligárquica, monopolística e imperialista. Todo ello con la finalidad directa de un beneficio económico y el dominio social. Toda empresa capitalista, nacional o transnacional, entra perfectamente dentro del ámbito del delito de delincuencia organizada. Las corporaciones capitalistas nacionales y multinacionales no son otra cosa sino delincuencia organizada.

Así tipificado, el Estado venezolano cuenta, además de la legitimidad nacional, con la legitimidad jurídica de la Comunidad Internacional que impone a los Estados la obligación de perseguir a los grupos de delincuencia organizada adoptando medidas legales en su ordenamiento interno. Una de ellas sería la creación de este tipo penal.

Corolario del nuevo tipo propuesto será la penalización del blanqueo del producto de la acción delictiva de la delincuencia organizada capitalista. Adaptando la regulación internacional al nuevo delito, los Estados tienen la obligación de adoptar las medidas legislativas necesarias para tipificar como delitos: 1º La conversión o la transferencia de bienes, a sabiendas de que esos bienes son producto del delito cometido por la delincuencia organizada capitalista, con el propósito de ocultar o disimular el origen ilícito de los bienes o ayudar a cualquier persona involucrada en la comisión del delito determinante a eludir las consecuencias jurídicas de sus actos. 2º La ocultación o disimulación de la verdadera naturaleza, origen, ubicación, disposición, movimiento o propiedad de bienes o del legítimo derecho a éstos, a sabiendas de que dichos bienes son producto del delito; 3º La adquisición, posesión o utilización de bienes, a sabiendas, en el momento de su recepción, de que son producto del delito; 4º) La participación, la asociación y la confabulación, el intento de comisión, y la ayuda, la incitación, la facilitación y el asesoramiento en aras de la comisión del delito.

Para combatir el blanqueo de dinero fruto del delito de la delincuencia organizada capitalista, el Estado: 1º) Establecerá un amplio régimen interno de reglamentación y supervisión de los bancos y las instituciones financieras no bancarias y, cuando proceda, de otros órganos situados dentro de su jurisdicción que sean particularmente susceptibles de utilizarse para el blanqueo de dinero a fin de prevenir y detectar todas las formas de blanqueo de dinero, y en ese régimen se hará hincapié en los requisitos relativos a la identificación del cliente, el establecimiento de registros y la denuncia de las transacciones sospechosas; 2º) Garantizará… que las autoridades de administración, reglamentación y cumplimiento de la ley y demás autoridades encargadas de combatir el blanqueo de dinero (incluidas, cuando sea pertinente con arreglo al derecho interno, las autoridades judiciales), sean capaces de cooperar e intercambiar información a nivel nacional e internacional de conformidad con las condiciones prescritas en el derecho interno y, a tal fin, considerará la posibilidad de establecer una dependencia de inteligencia financiera que sirva de centro nacional de recopilación, análisis y difusión de información sobre posibles actividades de blanqueo de dinero. 3º) El Estado aplicará medidas viables para detectar y vigilar el movimiento transfronterizo de efectivo y de títulos negociables pertinentes, con sujeción a salvaguardias que garanticen la debida utilización de la información y sin restringir en modo alguno la circulación de capitales lícitos. Esas medidas podrán incluir la exigencia de que los particulares y las entidades comerciales notifiquen las transferencias transfronterizas de cantidades elevadas de efectivo y de títulos negociables pertinentes…[37] La responsabilidad de las personas jurídicas podrá ser de índole penal, civil o administrativa. Dicha responsabilidad existirá sin perjuicio de la responsabilidad penal que incumba a las personas naturales que hayan perpetrado los delitos. El Estado velará en particular por que se impongan sanciones penales o no penales eficaces, proporcionadas y disuasivas, incluidas sanciones monetarias, a las personas jurídicas consideradas responsables[38].

2.3 Nuevo tipo penal: La discriminación capitalista

La Convención Internacional sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial (1965) entiende por discriminación racial “toda distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en motivos de raza, color, linaje u origen nacional o étnico que tenga por objeto o por resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural o en cualquier otra esfera de la vida pública”[39]. Según el Convenio de la Organización Internacional del Trabajo, Convenio sobre la Discriminación en el empleo y ocupación (1958)[40], la discriminación comprende entre otras cosas también: “cualquier distinción, exclusión o preferencia basada en motivos… ascendencia nacional u origen social que tenga por efecto anular o alterar la igualdad de oportunidades o de trato en el empleo y la ocupación”[41].

Pues bien, en el sistema capitalista se produce un tipo de discriminación radical que en buena parte es el origen o fomenta otros muchos tipos de discriminaciones. Es la discriminación económica entre los que han expropiado al pueblo sus medios de producción, y los expropiados, que sólo cuentan con su fuerza de trabajo. Este tipo de discriminación es más radical que la discriminación en la distribución salarial, es discriminación en el derecho a la propiedad de los medios de producción. Este delito es discriminación capitalista como nuevo tipo penal.

Las obligaciones de los Estados (socialistas, se entiende) con respecto a este nuevo tipo penal, no son sino la extensión de las que la Comunidad Internacional impone a otras formas de discriminación. Así por ejemplo, la Convención de las Naciones Unidas para la eliminación de toda forma de discriminación racial obliga a los Estados Parte a eliminar toda forma de discriminación racial[42]. El Convenio sobre la discriminación en el empleo y ocupación obliga al Estado a formular y llevar a cabo una “política nacional que promueva, por métodos adecuados a las condiciones y a la práctica nacionales, la igualdad de oportunidades y de trato en materia de empleo y ocupación, con objeto de eliminar cualquier discriminación a este respecto. Además deberá promulgar leyes y promover programas educativos que por su índole puedan garantizar la aceptación y cumplimiento de esa política; derogar las disposiciones legislativas y modificar las disposiciones prácticas administrativas que sean incompatibles con dicha política[43].

Más en concreto, para un Derecho de los Pueblos (Derecho Socialista Revolucionario), el nuevo tipo de delito: la discriminación capitalista obliga al Estado a eliminar la discriminación capitalista en todas sus formas; a no incurrir en ningún acto o práctica de discriminación capitalista contra personas, grupos de personas o instituciones y a velar por que todas las autoridades públicas e instituciones públicas, nacionales y locales, actúen en conformidad con esta obligación. Cada Estado (socialista se entiende) se compromete a no fomentar, defender o apoyar la discriminación capitalista practicada por cualesquiera personas u organizaciones. El Estado tomará medidas efectivas, también legislativas, para revisar las políticas gubernamentales nacionales y locales, y para enmendar, derogar o anular las leyes y las disposiciones reglamentarias que tengan como consecuencia crear la discriminación capitalista o perpetuarla donde ya exista. Además, el Estado se ha de comprometer a estimular organizaciones y movimientos sociales encaminados a eliminar las clases capitalistas, y a desalentar todo lo que tienda a fortalecer la división capitalista de clases[44].

2.4 Nuevo tipo penal: La trata capitalista de personas

La Comunidad Internacional entiende por trata de personas la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación. Esa explotación incluirá…los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud y la servidumbre. El consentimiento dado por la víctima de la trata de personas a toda forma de explotación intencional no se tendrá en cuenta cuando se haya recurrido a cualquiera de los medios enunciados[45]. Pues bien, ¿acaso no es trata de personas el mercado laboral capitalista? Si los hechos verifican una respuesta afirmativa, como sostenemos, eso nos permite postular la necesidad de crear como nuevo tipo penal: La trata capitalista de personas. El sistema capitalista es en esencia una trata económica de personas que atenta contra los bienes jurídicos: de la autodeterminación, y de la cooperación económica de las personas y los pueblos en orden a la satisfacción de su sistema de necesidades y capacidades.

Con esta nueva tipificación el Estado revolucionario no hace sino cumplir con el Derecho Internacional que le impone la obligación de la prevención y persecución de la trata de personas. Para de esta forma, además, desalentar la demanda que propicia cualquier forma de explotación[46].

2.5 Nuevo tipo penal: La esclavitud capitalista

La Comunidad Internacional define jurídicamente la esclavitud como “el estado o condición de las personas sobre las que se ejercen todos o parte de los poderes atribuidos al derecho de propiedad”. Entiende por ‘esclavo’ a toda persona en estado o condición de esclavitud. En 1956, las Naciones Unidas, con motivo de la Convención suplementaria sobre la abolición de la esclavitud, la trata de esclavos y las prácticas análogas a la esclavitud asimila al tipo de la esclavitud, la servidumbre por deudas y la servidumbre por gleba. La servidumbre por deuda se considera como el estado o la condición que resulta del hecho de que un deudor se haya comprometido a prestar sus servicios personales, o los de alguien sobre quien ejerce autoridad, como garantía de una deuda, si los servicios prestados, equitativamente valorados, no se aplican al pago de la deuda, o si no se limita su duración ni se define la naturaleza de dichos servicios. La servidumbre por gleba es la condición de la persona que está obligada por la ley, por la costumbre o por un acuerdo a vivir y a trabajar sobre una tierra que pertenece a otra persona y a prestar a ésta, mediante remuneración o gratuitamente, determinados servicios, sin libertad para cambiar su condición[47].

Pues bien, yendo a la raíz y tomando en cuenta toda la extensión de la práctica de la esclavitud, postulamos que es necesario crear un nuevo tipo penal: la esclavitud capitalista. Por esclavitud capitalista se entiende el estado o condición de servidumbre económica de las personas por deudas, gleba o cualquier otra razón, sobre las que se ejerce todos o parte de los poderes atribuidos al derecho de propiedad. El ámbito de la acción tipificada como esclavitud capitalista abarca la reducción a servidumbre económica, la inducción, la tentativa, complicidad y participación en el acuerdo para su realización. La reducción a servidumbre económica es independiente de que ésta se haya producido por vía forzada o voluntaria, mediante el contrato de trabajo capitalista[48].

Los Estados socialistas pueden hacer uso de la legitimidad del Derecho Internacional en la persecución de la esclavitud capitalista. La ley internacional legitima y obliga a los Estados a prevenir, reprimir y suprimir supresión completamente la esclavitud en todas sus formas[49]. En 1956, las Naciones Unidas, con motivo de la Convención suplementaria sobre la abolición de la esclavitud, la trata de esclavos y las prácticas análogas a la esclavitud, “[a]dvirtiendo… que la esclavitud, la trata de esclavos y las instituciones y prácticas análogas a la esclavitud no han sido aún suprimidas en todas las partes del mundo”[50], compromete a cada uno de los Estados Partes en la Convención a adoptar “todas aquellas medidas legislativas o de cualquier otra índole que sean factibles y necesarias para lograr progresivamente y a la mayor brevedad posible la completa abolición o el abandono de las instituciones y prácticas de la servidumbre por deudas y por gleba”[51].

2.6 Nuevo tipo penal: Terrorismo capitalista

La Comunidad Internacional, en la Convención para prevenir y sancionar los actos de terrorismo configurados en delitos contra las personas y la extorsión conexa cuando estos tengan trascendencia internacional (1971), ha tipificado el delito de terrorismo y la extorsión conexa con delitos como el secuestro, el homicidio y otros atentados contra la vida y la integridad de las personas[52]. La tipificación internacional del delito del terrorismo no es completa ni suficientemente radical. Desde el paradigma de un Derecho Socialista Revolucionario se debe completar todos los modos de terrorismo e ir a la raíz de mismo. Por ello postulamos como nuevo tipo penal el terrorismo capitalista. Por tal se entiende las acciones del sistema económico capitalista que producen el terror y la muerte de las personas y los pueblos por hambre y enfermedad.

La tipificación de este nuevo delito desarrolla las obligaciones impuestas por la Comunidad Internacional que exige a los Estados (parte) tomar todas las medidas que consideren eficaces para prevenir y sancionar los actos de terrorismo. En concreto, pide a los Estados que incluyan en sus respectivas legislaciones penales los hechos delictivos materia de terrorismo cuando no estuvieren ya previstos[53].


2.7 Nuevo tipo penal: El genocidio capitalista

En la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio[54], del 1948, el genocidio quedó definido como la matanza de un grupo, la lesión grave a la integridad física o mental de sus miembros, el sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial… perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal[55]. Pues bien, con la fuerza que ofrece la realidad de los hechos postulamos que el grupo de los trabajadores, desempleados y pobres tienen toda la legitimidad para considerarse como grupo nacional al que el sistema económico capitalista agrede, lesiona y aniquila. Se puede, y debe, crear entonces un nuevo tipo: el genocidio capitalista. En el genocidio capitalista, los trabajadores y los pobres son los grupos nacionales que sufren las lesiones físicas, mentales, la matanza y destrucción intencionada por un sistema de explotación laboral y privatizaciones que deja a los pueblos sin alimentos, viviendas, médicos y medicinas, educación, etc. La evidencia histórica concreta son los efectos de los planes capitalistas (liberales y socialdemócratas) de privatización y reducción del gasto social impuestos por organismos internacionales como el FMI, el BM, y los gobiernos que los aceptan.

Tipificado así el delito de genocidio capitalista, el Estado venezolano estaría obligado a prevenirlo y perseguirlo por la misma Convención de las Naciones Unidas para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio. Allí se establece que las partes contratantes confirmaron que “el genocidio, ya sea cometido en tiempo de paz o en tiempo de guerra, es un delito de derecho internacional” y se comprometieron a prevenirlo y a sancionarlo[56]. Los Estados y la Comunidad Internacional están obligados a perseguir el delito de genocidio en todas sus manifestaciones[57]. Desde la comisión de la acción y tentativa, ascendiendo a la asociación para cometerlo, su instigación directa y pública, y la complicidad[58].


3 La Necesidad de un Derecho Socialista Revolucionario


La identificación del hecho de la praxis capitalista como el mal jurídico que atenta contra el bien jurídico del socialismo, la tipificación del capitalismo como delito, y la creación de los siete nuevos tipos penales propuestos para la persecución del capitalismo, todo ello, no es comprensible en el horizonte del ‘Derecho’ capitalista. Por el contrario, exige un nuevo paradigma jurídico: El Derecho Socialista Revolucionario. Urge en Venezuela, y en todos los pueblos revolucionarios, contar con una teoría y una praxis jurídicas revolucionarios que piensen y practiquen el Derecho de los pueblos desde otro horizonte más allá del iusnaturalismo y el positivismo voluntarista burgués. Un Derecho Socialista que se fundamente en el primer y único derecho histórico: el derecho a la revolución de los pueblos. Esto es, en el derecho que tienen los pueblos a producir y reproducir sus vidas mediante la satisfacción de su sistema de necesidades/capacidades, y la reversión del estado de insatisfacción del mismo. Un Derecho Socialista que se defina como la positivación y satisfacción del sistema de necesidades/capacidades materiales de los pueblos, autónomamente por la comunidad, y ayudada por la coacción de su fuerza física. Un Derecho Socialista que brota históricamente de los pueblos, quienes: 1º Exigen, entre otras cosas, que los ordenamientos jurídicos de los Estados les protejan eficazmente contra la violencia perpetrada por la delincuencia organizada capitalista[59]; y 2º) Están legitimados al supremo recurso de la revolución contra la tiranía y la opresión capitalista, que impide la plena satisfacción del sistema de sus necesidades/capacidades (los Derechos Humanos de los Pueblos)[60].

[1] Miembro de la Asociación Latinoamericana de Economía Política Marxista (ALEM).
[2] Miranda, P., Apelo a la razón: teoría de la ciencia y crítica del positivismo (México: Premia Editora, 1983) 20-21.
[3] F. Dostoyevski, Diario de un escritor: Obras completas, t. 3 (Madrid: Agilar, 1968) 637.
[4] Marx, K., El capital t. I (México D. F.: Librerías Allende, 1977) 732.
[5] “El mismo hecho de poseer no significa que alguien está agarrando con las manos el objeto poseído, ni tampoco significa necesariamente que lo tenga encerrado en alguna parte. Son la ley del estado y los decretos jurídicos del gobierno los que hacen que la palabra propiedad tenga algún significado. No es cierto que el estado sobrevenga post factum, en el proceso económico; lo jurídico no es superestructura mientras lo económico es infraestructura”, Miranda, P., Apelo a la razón: teoría de la ciencia y crítica del positivismo, o. c., 24.
[6] Marx, K., El capital, t. I (México D. F.: Librerías Allende, 1977) 741 ; Marx, K., El capital, t. I (México D. F.: Librerías Allende, 1977) 689-692; 705; 711-712; 713; 716-717; 722; 727-729; 733; 735-740; 744-754.“Esto significa que esta categoría básica para la economía capitalista no es en sí misma económica, por ende tampoco puede ser considerada parte de aquélla ni está supeditada a las leyes económicas propias de este sistema. Más bien es la condición de posibilidad de una economía, la cual, con la ayuda del mecanismo de mercado, se declara luego como obedeciendo a sus propias leyes”, Duchrow, U.; Hinkelammert, F. J., La vida o el Capital. Alternativas a la dictadura global de la propiedad (San José [Costa Rica]: DEI, 2003) 128.
[7] “La cuestión más interesante, es por último, cómo es que el capitalismo ha logrado obligar a realizar ‘trabajo forzado’ sin que el obrero lo perciba como tal en su conciencia. Es que el capital encubre la ‘relación de dominación’ bajo el aspecto del ‘trabajo asalariado’”, Dussel, E., La producción teórica de Marx. Un comentario a los Grundrisse (México: Siglo XXI, 19912) 165.
[8] Cfr. Marx, K., Grundrisse 1857-1858, t. I, o. c., 355.
[9] Lebowitz, M. A., Más allá de El Capital: La economía política de la clase obrera en Marx (Madrid: Akal S. A, 2005) 197.
[10] Ziegler, J., L’empire de la honte (Paris: Librairie Arthème Fayard, 2005) 16-17.
[11] Ibid., 16.
[12] Ibid., 140-144.
[13] Kohan, N., Marx en su (Tercer Mundo). Hacia un socialismo no colonizado (La Habana: Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinillo, 2003) o. c., 198.
[14] Miranda, P., Apelo a la razón: teoría de la ciencia y crítica del positivismo, o. c., 13.
[15] Marx, K., El Capital (México D.F.: Editorial Librerías Allende, 1977) 182-183.
[16] Miranda, P., Apelo a la razón: teoría de la ciencia y crítica del positivismo, o. c., 13.
[17] Dussel, E., La producción teórica de Marx, o. c., 19.
[18] Ibid., 17.
[19] Ibid., 266.
[20] Lebowitz, M. A., Más allá de El Capital, o. c., 54.
[21] Ibid., 234; 265-266.
[22] Dussel, E., La producción teórica de Marx, o. c., 221-222.
[23] Hinkelammert, F. J., ¿Hacia una salida al problema de la deuda externa?: Hinkelammert, F. J.; (comp.), El Huracán de la Globalización, o. c., 105-130.
[24] ONU, Declaración sobre el derecho y el deber de promoción y protección de los Derechos Humanos (1999) art. 1.
[25] Ibid., Preámbulo.
[26] ONU, Resolución 1803 (XVII) de la Asamblea General respecto a la Soberanía Permanente sobre los Recursos Naturales (1962) nº 1.
[27] La Jurisprudencia internacional de Derechos Humanos considera de 4 a 5 años un tiempo razonable para valorar las actuaciones del Estado respecto a sus obligaciones con respecto a la materialización de los DH.
[28] ONU, Declaración sobre el derecho y el deber de promoción y protección de los Derechos Humanos (1999) art. 2.1.
[29] ONU, Resolución 1803 (XVII) de la Asamblea General respecto a la Soberanía Permanente sobre los Recursos Naturales (1962) nº 4.
[30] Ibid., nº 7.
[31] Ibid., nº 8.
[32] ONU, Principios de Limburgo (1986) 66.
[33] La observación entre paréntesis es nuestra.
[34] La observación entre paréntesis es nuestra.
[35] ONU, Pacto Internacional de los Derechos civiles y políticos (1966) 19-20.
[36] ONU, Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional (2000) art.2; Venezuela la ratificó el 13 de mayo de 2002.
[37] Ibid., arts. 7-8
[38] Ibid., art. 10.
[39] ONU, Convención Internacional sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial (1965) art. 1. Ratificada por Venezuela el 10 de octubre de 1967.
[40] Ratificado por Venezuela el 3 de junio de 1971.
[41] OIT., Convenio sobre la Discriminación en el empleo y ocupación, nº C111 (1958) art. 1
[42] Cfr., Convención Internacional sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial (1965) art. 2
[43] OIT., Convenio sobre la Discriminación en el empleo y ocupación, nº C111 (1958) art. 3
[44] Cfr., Convención Internacional sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial (1965) art. 2
[45] ONU, Protocolo para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños, que complementa la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional (2000) art. 3.a), b). El Protocolo fue ratificado por Venezuela el 13 de mayo de 2002.
[46] Ibid., art. 9.
[47] ONU, Convención suplementaria sobre la abolición de la esclavitud, la trata de esclavos y las prácticas análogas a la esclavitud (1956), art. 1
[48] Ibid., art. 6
[49] ONU, Convención sobre la Esclavitud, el 25 de septiembre de 1926, art.2
[50] ONU, Convención suplementaria sobre la abolición de la esclavitud, la trata de esclavos y las prácticas análogas a la esclavitud (1956), Preámbulo.
[51] Ibid., art. 1
[52] OEA, Convención para prevenir y sancionar los actos de terrorismo configurados en delitos contra las personas y la extorsión conexa cuando estos tengan trascendencia internacional (1971); Venezuela la ratificó el 18 de octubre de 1973.
[53] Ibid., art. 8.
[54] Venezuela accedió a la Convención el 12 de julio de 1960.
[55] ONU, Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio (1948) 2.
[56] Ibid., art. 1.
[57] Ibid., art. 5.
[58] Ibid., art. 3.
[59] Cfr. ONU, Declaración sobre el derecho y el deber de promoción y protección de los Derechos Humanos (1999) art. 12.3.
[60] Cfr. ONU, Declaración Universal de Derechos Humanos (1948), Preámbulo.

sexta-feira, 12 de fevereiro de 2010

Haití 2010: Imperialismo o Revolución. In Memoriam Revolucionaria

Haití 2010: Imperialismo o Revolución
In Memoriam Revolucionaria
Antonio Salamanca Serrano[1]


“Haití ya no permanecerá aislado entre sus hermanos. Los principios de Haití influirán en todos los principios del Nuevo Mundo” (S. Bolívar, Carta al Presidente de Haití Alexander Pétion, 4 de septiembre de 1816).

“La fecha gloriosa de la emancipación del pueblo todavía no ha sonado, las clases populares viven aún en la esclavitud, encadenadas al orden económico por el salario y al orden político por el fraude...” (Luis Emilio Recabarren).




* * *

Hoy se cumple un mes del terremoto ocurrido en Haití el pasado 12 de enero de 2010. Sea esta mi oración en memoria revolucionaria de los más de 200.000 fallecidos, 300.000 heridos, 1.000.000 sin techo, 8.000.000 invadidos, y de cada una de las víctimas del imperialismo capitalista en la historia del sufriente pueblo haitiano.


El imperialismo español (1492-1697)

La satisfacción del sistema de necesidades, esto es, de la necesidad de alimentos, de explorar lo desconocido, de seguridad frente a las agresiones internas o de otros pueblos, etc., así como la lucha contra el deseo patológico en algunos de agredir, someter y explotar a otros, es lo que mueve a los pueblos. Según los historiadores, hace unos 7.000 años, grupos indígenas del Yucatán y/o la Florida se desplazaron hacia las Antillas. En torno al siglo V. a. C. comunidades de taínos-arahuacos sudamericanos (llamados a sí mismos como los buenos, los nobles) ascendieron por la cuenca del río Orinoco, alcanzaron la isla de Trinidad, y desde allí llegaron a poblar las Antillas. Años antes del encontronazo con los europeos, los caribes, pueblos originarios de Sudamérica, habían forzado a los taínos de las Pequeñas Antillas hacia las Grandes Antillas (hoy Cuba, Jamaica, Haití, República Dominicana, Puerto Rico y Trinidad). A consecuencia de la presión taína, los ciboneys, pobladores originarios de estas tierras, dedicados a la caza y pesca, se movieron al oeste de Cuba y Haití. Por esas fechas, los taínos, más numerosos, completaban la actividad agrícola de tala y cultivo de mandioca y maíz con los productos de la caza y la pesca, y se organizaban en comunidades dirigidas por jefes llamados caciques.

El 5 de diciembre de 1492, Colón llega a la isla Quisqueya (La madre de todas las tierras, en taíno). Con él viene parte de un pueblo periférico, el español, navegante y acostumbrado a siglos de guerra contra los musulmanes. Cegados por la fiebre patológica de riquezas y gloria, su comparativa superioridad militar desencadenará y desarrollará un modo de relaciones imperialistas (expropiadoras, explotadoras y violentas) con los pueblos indígenas. La isla estaba dividida en cinco cacicazgos (Higüey, Jaragua, Maguá, Maguana y Marién), subdivididos a su vez en comunidades llamadas nitaínos, con una población de número indeterminado para los historiadores, oscilando entre 120.000 para Rosemblat, y los 3 millones, según Bartolomé de las Casas. Los Cazicazgos, enfrentados entre sí en ocasiones, estaban amenazados por los más belicosos caribes. El cacicazgo de Jaragua (o Xaragua) ocupaba el suroeste de la isla, su poblado principal era Yaguana, cerca de lo que hoy es Puerto Príncipe. Colón comenzó expropiando el nombre a la isla y la bautizaría como La Española. Allí establecerá el primer emplazamiento europeo en América (Fuerte Navidad). Prevaliéndose de las tensiones entre los grupos étnicos, así como de la propia superioridad militar, los españoles dan comienzo a la guerra expropiatoria imperial de las tierras, medios de producción y fuerza de trabajo. Todo en busca del oro y plata, primero, y, luego, de otros productos que servirán de acumulación originaria para el capitalismo europeo, mercantilista primero y luego industrial.

Parte del pueblo taíno se rebeló contra el imperio y resistió la agresión. En 1519, mientras los españoles cometen la Matanza de Cholula, fundan Panamá y Veracruz, y Cortés llega a Tenochtitlán, en Quisqueya, el pueblo taíno, liderado por Enriquillo (Guarocuya, según algunos historiadores) se levanta contra el imperio español. Su padre, natural de Jaragua, fue asesinado por los españoles. Huérfano, Enriquillo se educó entre los dominicos. Si Enriquillo y Guarocuya son la misma persona, era entonces sobrino de Anacaona, hermana del cacique de Jaragua, Bohechío. Con Enriquillo se dio inicio a la Revolución taína de 1519-1533. Los insurgentes se reapropiaron de la Sierra de Bahoruco, que pasó a ser tierra libre de esclavitud. Sin embargo, las enfermedades y la violencia terminaron por someterlos. Los caribes resistieron un poco más, hasta el siglo XVII. Para ese tiempo, la población de los taíno-arahuacos y caribes quedó reducida a pocos miles. Hoy sólo malviven unos 500 caribes en reservas de Dominica, y los pocos arahuacos que han sobrevivido se reparten entre Guyana, Suriname, Guyana Francesa y Puerto Rico. Sea cual fuere el número de habitantes de Quisqueya a la llegada de Colón, lo cierto es que el genocidio español acabó con la vida de más de 100.000 indígenas.

La escasez de fuerza de trabajo en las colonias españolas, para seguir con la explotación imperialista del oro, y, una vez agotado éste en 1525, de la caña de azúcar, ganado y maderas preciosas, etc., determinó al emperador Carlos I de España, y V de Alemania, a autorizar en 1518 a Lorenzo de Garrevod pasar 4.000 esclavos negros a América. La avaricia comercial española del oriente de la isla, y la falta de previsión que necesariamente conlleva, hizo que desde 1603 se despoblara la parte oriental. La seducción de sus buenos puertos, el abandono de las tierras por los colonos, y las facilidades geográficas permitieron que tomaran allí refugio piratas, filibusteros y reos fugados que fundan Saint Domingue. Desde la isla de la Tortuga, con el apoyo de la Compagnie des îles d’Amérique y la Compagnie des Indes Occidentales comienza la colonización francesa. Para 1681 había en Haití 6.648 personas, 2.970 franceses, y 2.000 africanos que trabajaban en treinta ingenios azucareros, y el resto formado por mestizos dedicados al comercio y la agricultura[2].


El imperialismo francés (1697-1804)

En 1697, por el Tratado de Ryswick, España cede a Francia la parte occidental de Quisqueya. En Haití (Tierra montañosa, en lengua aborigen) Francia introdujo unos 20.000 esclavos por año como fuerza de trabajo para la producción de azúcar. Cambió el actor, pero Francia representaba el mismo papel en la relación del capitalismo imperial-colonial. El azúcar se convirtió en la principal mercancía de exportación, y causa de explotación. Haití se transformó en el siglo XVIII en la zona con el mayor número de esclavos y el dominio colonial caribeño más importante de Francia en América. En 1720 Haití superaba ya a otros países en la producción de azúcar, por delante de Brasil, Jamaica, Barbados y Martinica. Una de las razones fue la apertura del mercado de las destilerías estadounidenses, que necesitaban el azúcar que no podían importar de las colonias inglesas, que bloqueaban de este modo la independencia de la ex colonia. Por entonces, las inversiones francesas excedían los 1.600 millones de francos. En 1789, la plusvalía robada a Haití por Francia suponía dos tercios de la economía francesa. Medio millón de esclavos negros explotados en 800 ingenios, añilerías y cafetales fueron parte esencial de la acumulación originaria para poner en marcha el capitalismo industrial europeo. La población haitiana se dividía en esclavos negros (aproximadamente más de 500.000), mulatos y hombres de color libres (30.000), y Grandes Blancos, dueños de la tierra y la riqueza (30.000), los blancos criollos (petit blanc) pequeños productores, artesanos y funcionarios del Estado, que trabajaban para los Grandes Blancos, muchos de ellos residentes en Francia (absentistas), y contra quienes comenzaron a desarrollar un creciente resentimiento (10.000). Parte de los mulatos consiguieron hacerse dueños de plantaciones y se enriquecieron igualmente con la explotación de los esclavos negros. Llegaron a poseer la cuarta parte de los esclavos y la tercera parte de las tierras. Pero los mulatos ricos pronto sentirían el desprecio racista de los blancos criollos y metropolitanos. El resentimiento generado lo descargaban contra sus esclavos negros y contra los pocos negros libres[3]. Los esclavos de los blancos y mulatos eran tratados cruelmente:

“Desde las cinco de la mañana, la campana los despertaba, y eran conducidos a golpes de látigo a los campos o a las fábricas donde trabajaban hasta la noche (...) diez y seis horas diarias (...) Abatidos por el trabajo de todo el día, a veces hasta la media noche, muchos esclavos dejaban de cocinar sus alimentos y lo comían crudos (...) Inclusive las dos horas que les concedían en medio de la jornada, y las vacaciones del domingo y días de fiesta, no estaban consagradas al descanso, pues debían atender al cultivo de pequeños huertos donde trataban de encontrar un suplemento a las raciones regulares (...) Se interrumpían los latigazos para aplicar al negro castigado un hierro candente en el cuello; y sobre la llaga sangrienta se le rociaba sal, pólvora, limón, cenizas (...) La tortura del collar de hierro se reservaba a las mujeres sospechosas de haberse provocado un aborto, y no se lo quitaban hasta no producir un niño (...) Un género de suplicio frecuente aún —dice Vassiére, testigo de la época— es el entierro de un negro vivo, a quien ante toda la dotación se le hace cavar su tumba a él mismo, cuya cabeza se le unta de azúcar a fin de que las moscas sean más devoradoras. A veces se varia este último suplicio: el paciente, desnudo, es amarrado cerca de un hormiguero, y habiéndolo frotados con un poco de azúcar, sus verdugos le derraman reiteradas cucharadas de hormigas desde el cráneo a la planta de los pies, haciéndolas entrar en todos los agujeros del cuerpo.”[4]

El pueblo haitiano negro, noble y revolucionario, se rebeló contra la esclavitud del capitalismo español y francés desde siempre[5]. El resultado de esas luchas le formó su genuina identidad. Una religión, el vudú; una lengua, el creole, y el orgullo de ser la primera república de esclavos negros que dio el primer paso en la liberación de la esclavitud del imperialismo capitalista. Los levantamientos emancipadores fueron constantes durante los siglos XVII y XVIII. Testimonio de ello son: La rebelión del esclavo Padrejean, en Port-de-Paix (1678); de Janot Marin y Georges Dollot, alias Pierrot (1691); de 300 africanos esclavos, en Quartier-Morin (1697); del esclavo Michel, en Bahoruco (1719); de Colas, el de una sola pierna (1724); de Plymouth (1730); de Polydor (1734); de Pompée (1747); de Médor (1757); de F. Mackandal (1751). Secuestrado en el Congo cuando tenía 12 años, traído al Caribe y vendido como esclavo, huye de la esclavitud y se convierte en un cimarrón (un revolucionario) decidido a luchar contra los franceses y terminar con la esclavitud. Después de 5 años de lucha es apresado y quemado vivo el 20 de enero de 1758; de un grupo de esclavos liderados por Noël, Isaac y Pyrrhus Candide, Telemaque Canga y Jacques (1775); de Santiague, Philippe y Kébinda, en Bahoruco (1785); de Jérôme, alias Poteau, en Marmelade (1786); de Yaya, en Trou (1787); de Bookman (1791), esclavo de origen africano y llevado a Jamaica, fue vendido por su propietario inglés a los franceses después de que hubiese intentado enseñar a leer a los demás esclavos de la plantación. Junto con Jean François y Biassou inician el levantamiento negro. A ellos se unirán Toussaint L'Ouverture, Jean-Jacques Dessalines y Henri Christophe[6].

Toussaint tomará el liderazgo de la revolución. En su lucha por la libertad de los esclavos, no sólo tuvo que enfrenar y derrotar a los franceses, españoles y mulatos, sino también a los ingleses. Todos ellos urgidos porque el Saturno capitalista no perdiera la sangre esclava negra, e interesados en evitar que el triunfo de la libertad de los esclavos haitianos pudiese contagiar al resto de las demás colonias (v.gr. Barbados, Brasil, Cuba, Jamaica, Puerto Rico, Venezuela, etc.). Los imperios se coaligaron contra la revolución de los esclavos. Los españoles atacaban por el este, los ingleses invadieron por el oeste. En 1798, un ejército, un pueblo de 48.000 negros derrotó a las tropas inglesas. Después de 5 años de agresión imperial, los ingleses perdieron la guerra que buscaba someter nuevamente a los osados cimarrones negros al yugo del capitalismo. En el frustrado intento se dejaron miles de soldados y 5 millones de libras esterlinas.

Toussaint había conseguido el fin de la esclavitud física de los negros, y aunque no proclamada, de hecho había obtenido también la independencia política. Pero aún quedaba por hacer lo más difícil (el socialismo): la eliminación de las causas de la esclavitud capitalista, para de ese modo no volver a amarrarse a sus cadenas en ‘esclavitud voluntaria’. En esa colosal tarea, al gobierno Toussaint le faltó ser, a su modo y tiempo, socialista. Urgido por la necesidad de producción para alimentar a la población exhausta después de 10 años de guerra, y de seguridad para evitar el pillaje y saqueos: 1º) No repartió las tierras de las grandes plantaciones, sino que concilió con sus antiguos dueños blancos y mestizos; 2º) Con la finalidad de evitar un minifundio que bajase la producción, mantuvo las grandes plantaciones y el modo de producción capitalista colonial. Impuso, con vigilancia militar, el trabajo obligatorio y asalariado, con retribución en especie que consistía en la alimentación más un cuarto del producto de la cosecha. El pueblo pasaba de ser esclavo a campesino asalariado, que ahora podía arrendar tierras. El excedente de la producción se lo apropiaban los dueños de los ingenios y el Estado. El gobierno de Toussaint consiguió elevar la producción, pero la perversidad del sistema capitalista en que se sustentaba fue generando una elite militar de negros y mulatos que paulatinamente se apropiaron de los excedentes estatales centralizados. 3º) Vaciló en proclamar la independencia política de Francia, que no paraba de hostigarle[7].

Apoyándose en el tratado de Basilea de 1795, por el que España cedía Santo Domingo a Francia, Toussaint acudió a la demanda de liberación de los hermanos negros. En enero de 1801 ocupó Santo Domingo, mientras la clase esclavita imperialista dominicana huía a Venezuela, Cuba y Puerto Rico. Las principales medidas que tomó para el gobierno de toda la isla fueron: 1ª Decretar la abolición de la esclavitud; 2ª Limitar la parcelación de las plantaciones; 3ª Establecer el trabajo obligatorio en las plantaciones; 4ª Subida del salario; 5ª Orientar la economía hacia la exportación, principalmente con Inglaterra y Estados Unidos, eliminando los impuestos que la gravaban; 6ª Iniciar la industrialización; 7ª Forma una policía marítima; 8ª Comenzar la creación de escuelas para la educación de los antiguos esclavos; 9º Convocar Asamblea Constituyente, el 9 de julio de 1801, de la que saldrá la primera Constitución de Quisqueya (La Española) unificada, significando, de facto, la independencia (autonomía) total de Francia.

El imperialismo capitalista francés no podía permitir que triunfase la revolución de los esclavos negros, ello suponía pérdida de territorio, fuerza de trabajo, y ejemplo para las otras colonias. En 1802 Napoleón Bonaparte envió 86 barcos y 50.000 soldados para reprimir la sublevación negra. Con la colaboración de los mulatos, los franceses apresaron a Toussaint L'Ouverture, y lo deportaron a Francia, donde murió el 7 de abril de 1803. En Haití, Jacques Dessalines toma la dirección de la resistencia negra. La crueldad de los franceses, de manos del general Leclerc, cuñado de Napoleón, facilitó la unidad de los negros y los mulatos en la lucha por la común bandera de la independencia. El 23 de noviembre de 1803 las tropas napoleónicas son derrotadas por la revolución negra. El 1º de Enero de 1804, Jacques Dessalines proclama la independencia política. Haití se convierte en el primer país del mundo donde los esclavos negros consiguen su liberación, terminan con la esclavitud, y conquistan la independencia política del imperialismo colonial capitalista. La esclavitud tardaría aún tiempo en ser eliminada formalmente[8] en el imperio: El Reino Unido lo hizo en 1834, Francia, en 1848, EEUU, 1865, y España en 1886[9]. Con el triunfo de la revolución en Haití en 1804 comienza todo un proceso de revoluciones por la independencia política en nuestra América. El año siguiente se aprobó la Constitución de 1805. En ella se prohibía la compra de tierras a cualquier blanco, así como se apostaba por la unificación de la isla bajo la bandera del Imperio de Haití.

La revolución del pueblo haitiano, dirigida por Toussaint y Dessalines, consiguió la nacionalización de la tierra, la libertad de los esclavos y la independencia política. Haití, como la primera nación libre e independiente de América Latina, pronto comenzó su internacionalismo revolucionario. Apoyaron a los hermanos Miguel y Fernando Carabaño, en su lucha por la liberación de Cartagena. Asimismo, colaboraron con los mexicanos Toledo y Herrera, y Francisco Javier Mina, a quien se unieron marineros haitianos en su ataque al imperio colonial en México. En 1806 llegó a sus tierras George Martin, pseudónimo de Francisco Miranda. El objeto de su visita era pedir ayuda para la liberación de Venezuela. Miranda estuvo durante mes y medio en Haití viendo por sus propios ojos la realidad de la liberación de los esclavos negros. Además de esa importante experiencia, Haití le proporcionó armas y soldados. El día de Navidad de 1815 Bolívar llegó a Haití procedente de Jamaica. El 2 de enero de 1816 se entrevistó con el presidente haitiano, Alexandre Pétion, quien presta ayuda a Bolívar en la liberación de nuestra América. Haití aportó 2.000 fusiles. Y al año siguiente, 4.000 fusiles, 15.000 libras de pólvora, y 15.000 libras de plomo, una imprenta, 30 oficiales haitianos y 600 voluntarios. De allí partió Bolívar en su expedición de Los Cayos para la liberación de Venezuela. La experiencia de la liberación de los esclavos en Haití influyó en los libertadores de tal modo que Miranda propondrá su libertad en 1811, cuando fue Presidente de la Junta de Gobierno de Venezuela. Y Simón Bolívar quedó determinado a abolir la esclavitud en toda América Latina.

Pero el monstruo del imperialismo capitalista internacional estaba ávido de plusvalías y dispuesto a embestir contra toda revolución. La recién estrenada independencia política fue socavada (interrumpida hasta hoy) desde sus inicios por el imperialismo económico francés, inglés y estadounidense. Mediante el uso del endeudamiento y los constantes bloqueos impidieron la independencia económica del pueblo haitiano. En 1825, Francia impuso a Haití el pago de ciento cincuenta millones de francos destinados como indemnización a sus antiguos colonos. Para pagar esa deuda ignominiosa y salir de los constantes bloqueos, el territorio haitiano quedó expuesto a la avaricia de múltiples inversionistas extranjeros que se apropiaron de las prósperas plantaciones, puertos y ferrocarriles. La riqueza de la producción de la caña de azúcar fue a parar a bolsillos extranjeros. El país generó pronto un déficit comercial que le condujo a endeudarse quedando sometido a los acreedores internacionales, principalmente norteamericanos. Haití comenzó el pago de una deuda injusta a Francia en 1825 y finalizó en 1947[10]. Pero para entonces ya le había clavado sus garras el águila imperial.


El imperialismo estadounidense (1804---)

Sin liberación y soberanía económica la independencia política termina siendo pura apariencia que conduce al liberto ‘voluntariamente’ a ponerse él mismo las cadenas de nuevo. Desde 1825, la sombra del águila estadounidense fue sintiéndose en Haití cada vez más cerca en la económica, la política y militarmente. Estados Unidos intervino en Haití en 19 ocasiones entre 1857 y 1900. Las agresiones militares eran también jurídicas. Particularmente de modificaciones constitucionales con objeto de legitimar jurídicamente la invasión. Desde 1804 Haití ha tenido 23 Constituciones. El imperialismo estadounidense quitó el obstáculo de la Constitución de 1889, que no preveía la intervención extranjera. En 1891 bloqueó las costas haitianas para presionar y conseguir la instalación de una base naval en Molé de Saint-Nicholas. En 1910, mediante los préstamos de la Casa Speyer and Co. y del National City Bank, así como del Contrato MacDonald consiguió hacerse con la soberanía financiera de Haití. Se apropiaron del tesoro nacional, entregándoselo a los bancos estadounidenses. En 1915, argumentando la Doctrina Monroe, invadió y ocupó militarmente Haití. Y en 1916, ocuparon toda la isla invadiendo la República Dominicana, donde permanecerían hasta 1924. Los objetivos de la invasión militar fueron la apropiación capitalista y el dominio geoestratégico. De esta forma se expropiaba lo que quedaba de soberanía económica en Haití, se afianzaba la hegemonía militar en la zona, y se controlaba el comercio del naciente Canal de Panamá. En 1918 impusieron una Constitución, que había redactado el subsecretario Naval estadounidense Franklin D. Roosevelt, en la que se permitía que los extranjeros pudiesen adquirir tierras, algo que estaba prohibido desde la Independencia.

Sin embargo, el espíritu revolucionario (cimarrón) del pueblo haitiano, bajo la dirección de Charlemagne Péralte, volvió a despertarse y plantó una férrea resistencia a la invasión. La Revolución de los Cacos (campesinos) no pudo ser aplastada ni con el intenso bombardeo de la aviación. Los revolucionarios liberaron parte de la zona norte de Haití. Pero, en 1919 Péralte es traicionado por uno de los suyos, y asesinado. El ejército estadounidense se impondrá sobre la resistencia ocupando militarmente el país hasta 1934. En este año los militares se marchan una vez que dejan asegurado el control de la nación. Todo quedaba tranquilo. El 40% del producto interno bruto fluía hacia los bancos norteamericanos, y los revolucionarios, entre 15.000 y 30.000, habían sido asesinados.

Desde 1934 hasta 2004 el dominio imperial estadounidense continuó mediante el control ‘a distancia’ de las instituciones del Estado (religiosas, educativas, económicas, políticas) pseudolegitimadas por la farsa de las elecciones burguesas, el apoyo del uso de las fuerzas represivas nacionales, y los golpes militares. Particularmente cruel fue la dictadura fascista que se inicia en 1957, apoyada por los Estados Unidos, de manos del médico genocida, François Duvalier. Enfriada la colaboración estadounidense durante la presidencia de Kennedy (1961-1963), tras su asesinato, Estados Unidos apoya más decididamente el gobierno de Duvalier, declaradamente anticomunista, en parte para contrarrestar la influencia de la Cuba revolucionaria. Los linchamientos masivos de la población más organizada a manos de los tonton-macoutes eran frecuentes. En 1971 le sucede su hijo Jean-Claude Duvalier (Baby Doc). El embajador norteamericano Clinton Knox comprometió la ayuda del gobierno estadounidense para que Duvalier hijo tomase posesión y el Pentágono envió buques de guerra para impedir a la oposición hacerse con el poder. En 1984, Claude Duvalier convoca elecciones. La incipiente organización de la oposición siguió siendo reprimida. En enero de 1986, las huelgas, la presión popular por sus desmanes, junto a cierta presión internacional le obligó a exiliarse. Los Estados Unidos le sacan del país en un avión de su fuerza aérea, y Francia le dará asilo. Los genocidas padre e hijo son acusados de la muerte entre 50.000 y 150.000 personas. Entre ellos, unos 30.000 comunistas.

Desde 1986 a 1991 se suceden de nuevo elecciones teledirigidas y golpes de estado. La Constitución burguesa de 1987 será el marco jurídico para continuar el saqueo y explotación imperial. El 7 de febrero de 1991 asume la presidencia el sacerdote, ex salesiano, Jean Bertrand Aristide, partidario de la Teología de la Liberación, y candidato de la coalición Frente Nacional para el Cambio y la Democracia. Su programa consistía en alfabetizar al pueblo, luchar contra la pobreza extrema, subida salarial, la reforma agraria, y la lucha contra la corrupción y el narcotráfico. Contó con el apoyo mayoritario del pueblo. El programa político de Aristide ponía en peligro los intereses del capitalismo nacional y extranjero, e ideológicamente desafiaba el fanatismo del neoliberalismo imperialista estadounidense y del G7. Las empresas estadounidenses de ensamblado establecidas en Haití vieron peligrar su insaciable acumulación de plusvalías fruto de la explotación en régimen de esclavitud de los trabajadores haitianos. La Agencia Central de Inteligencia vino en su auxilio y prepararon, financiaron y pronunciaron un golpe militar contra Aristide, el 30 de septiembre, ejecutado por el general Raoul Cédras. Aristide termina en el exilio. Tras tres años exiliado, Aristide regresa el 15 de octubre de 1994, con competencias limitadas por Estados Unidos a su plan de gobierno. Le traían para no más que inaugurar las lápidas de las víctimas de los escuadrones de la muerte. Al finalizar su mandato es elegido Préval (1996-2001). En el año 2000 hay un intento frustrado de golpe de Estado a manos de Guy Philippe, miembro de los escuadrones de la muerte de los años 80 bajo la dinastía Duvalier, declarado admirador de Pinochet, formado en los años 1990 en Ecuador por las fuerzas estadounidenses, narcotraficante, y comisario de policía de Cap Haitien. Se refugió en la embajada de los Estados Unidos y luego se exilió en la República Dominicana. En 2001 Aristide es elegido nuevamente presidente. En 2003, el francés Regis Debray, delator del Che en Bolivia, exige la renuncia a Aristide. Ante su negatoria, en febrero de 2004, Estados Unidos, particularmente el activo Instituto Republicano Internacional, y su quinta columna en Haití, el grupo Convergencia Democrática y el Grupo 184 (formado por 184 asociaciones del sector privado), con el apoyo de las tropas multinacionales francesas y canadienses, desestabilizan, secuestran y deportan a Aristide a la República Centroafricana. Ante las denuncias del hecho por el propio Aristide, la CARICOM solicita la investigación de los hechos por la ONU. Francia y EE.UU. anuncian su veto. Durante este tiempo aproximadamente unas 4.000 personas fueron asesinadas y 12.000 se vieron forzadas a emigrar.

En 2004 se inicia una nueva ocupación militar estadounidense de Haití. La ONU aprueba una llamada Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH). Esta misión tiene asignado un presupuesto anual de 600 millones de dólares. Sus prácticas han sido denunciadas por corrupción por la organización inglesa Save the Children (No one to turn on to, 2008), debido a sus delitos reiterados contra el pueblo haitiano: violaciones sexuales, maltrato o incitación a la prostitución de niñas y niños, etc. El pueblo también ha rechazado estas fuerzas porque su comportamiento es propio de una ocupación militar.. En 2006, el pueblo a través del mecanismo de la partidocracia capitalista, elige a René Préval. Al gobierno de René Préval, el Banco Mundial y el FMI imponen el Programa de Ajuste estructural (PAE), como condición de ayuda. Sus principales acreedores, el Grupo de los 8 (G8): Italia, Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Alemania, Japón, Canadá y Rusia. Todos ellos exigen la privatización de servicios públicos, la desregulación, la liberalización de los mercados y reducción del gasto social. Desde la ocupación en 2004, del MINUSTAH, algunos estiman que se ha asesinado a más de 15.000 haitianos.

Con motivo del terremoto de 2010 la camuflada intervención militar estadounidense, iniciada en 2004, se ha profundizado. Sus medios de comunicación lo han preparado presentando al pueblo haitiano como ingobernable, y necesitado de la ‘ayuda militar’ estadounidense[11]. Estados Unidos ha posicionado en las costas de Haití (próximas a las de Cuba, 74 km), un portaviones nuclear (USS Carl Vinson), dos buques de asalto anfibio (USS Bataan, USS Nassau), 20,000 militares, 23 navíos y 120 aviones. La base de Guantánamo presta su ayuda. La coartada de la ayuda, en este caso contra el narcotráfico, también se utiliza para justificar el establecimiento de 7 bases militares estadounidenses en Colombia, y 11 en Panamá. A ellas se suma la de Honduras (Palmerola), utilizada, por cierto, en el secuestro y expulsión del presidente Zelaya en el golpe de Estado del 28 de junio 2009. Todo un despliegue militar completado con la reactivación del Instituto de Cooperación para la Seguridad Hemisférica (antigua Escuela de las América), desde 2001, y de la IV Flota, en 2008[12].

Se han sucedido en la escena los actores imperiales pero la agresión imperialista se ha mantenido contra Haití desde hace 500 años. La constante ha sido la expropiación desalmada e inmisericorde de sus medios de producción, fuerza de trabajo y saberes. El estado en que se encuentra hoy el país más empobrecido de América Latina es el de Lázaro reventado por el rico Epulón. Una trágica confirmación del destino que les espera a los pueblos bajo el capitalismo imperialista. Veamos el estado de necesidad del pueblo haitiano:

El territorio de Haití está sometido a una erosión altísima. Si en 1925 estaba destruido 60% de los bosques, hoy es el 98%. El 30 % es tierra arable, de la cual se dedica al cultivo sólo el 11,6 %. El 4% de la población ha expropiado la tierra al pueblo y se ha apropiado del 65% de ella. Con un censo cercano a los 9 millones de personas, la población activa es de 3,6 millones. De ellas, el 66 % se dedica a la agricultura, el 25% a los servicios y el 9% a la industria. La población campesina, que produce el 40% de los alimentos del autoconsumo, es la que más ha resistido la agresión imperial económica y militar. Los productos agrícolas son principalmente café, mangos, caña de azúcar, arroz, maíz, sorgo y madera. A la exportación se destina café, aceites, mangos, productos manufacturados y textiles. Las exportaciones ascienden a unos 554, 8 millones de dólares (2007), principalmente a los Estados Unidos (70%). Allí llega también, por cierto desde Haití y dos siglos después de la intervención estadounidense, el 40% de la cocaína que ellos consumen. Las importaciones, que alcanzaron en 2007 los 1.844 millones de dólares, provienen en un 41,2% de Estados Unidos y un 15% de las Antillas Holandesas. De la mitad de la producción del país se ha apoderado el 1% de la población (blanco, y parte extranjeros). Los mecanismos son de lo más variados. Por ejemplo, en 1978, con la escusa de problemas sanitarios, Estados Unidos consiguió que Haití sacrificase todos los cerdos autóctonos (1.3 millones). El mercado quedó libre para ser sustituidos por los cerdos de las multinacionales. La expropiación de los medios de producción llegaría al paroxismo en la década de los 80 y 90. Las trasnacionales consiguieron acaparar la producción nacional de arroz. Los campesinos se vieron forzados a abandonar sus tierras, emigrar a Puerto Príncipe, y vender su fuerza de trabajo por poco más de un dólar al día, agonizando en la indignidad de chabolas insalubres. La expropiación a manos del capitalismo continuó con las empresas estatales, bancos, molinos de cereales, cementeras, empresas de telefonías, minas, etc. En Haití, los trabajadores explotados por las multinacionales producen alimentos como el azúcar, textiles y equipamientos prácticamente gratis. Además de todo esto, hay estudios que apuntan a las posibles reservas de petróleo en aguas haitianas como otras de las causas del ávido interés de los Estados Unidos por la ocupación de Haití.

Una de las consecuencias de la expropiación económica de los medios de producción y la fuerza de trabajo ha sido que Haití pierda la posibilidad de soñar con la soberanía alimentaria. En 1970 el país producía prácticamente el 90% de su demanda alimentaria. Actualmente se importa cerca del 55% de todos los géneros alimentarios que se consumen. En el caso concreto de la producción del arroz, se le arrebató la autosuficiencia y pasó a ser importador del arroz estadounidense. Las importaciones de cereales son crecientes. Otra consecuencia es la desigualdad social y la creciente pobreza del pueblo. Mientras el 80% de la población vive en pobreza extrema, el PIB es de aproximadamente U$ 11.570 millones (2008), debiendo corresponder el ingreso per cápita a unos U$ 1.317. Sin embargo, la ya engañosa medición de la renta per cápita no puede ocultar que la mayor parte de la población sobrevive con un dólar al día (U$ 365). Haití es uno de los países con mayores desigualdades sociales, y donde la agresión contra el pueblo por parte de la clase que se ha apoderado de los medios de producción es más feroz y genocida. El 60% de la población está desempleada. Del 40% que tiene trabajo informal, la mayor parte es explotada por sueldos que no llegan a los dos dólares diarios. Las maquiladoras pagan esos salarios ignominiosos para engordar las plusvalías de las firmas como Sears, Wall-Mart, Disney, etc. Una extracción de plusvalías y acumulación capitalista causante de que 6.000.000 de personas no logren obtener un plato de comida diario y el otro tercio sólo consiga una escasa ración que no cubre las exigencias nutricionales básicas. A causa de esta situación, aproximadamente un millón de haitianos se han visto forzados a emigrar a la República Dominicana, Estados Unidos, y Bahamas. Ante la magnitud del terremoto de 2010, las instituciones financieras ‘acreedoras’ internacionales como el FMI, el BID y el G8 han decidido condonar parte de la deuda a Haití (1463 millones de dólares, en 2008). Habrá que ver si termina siendo verdad, y en qué condiciones.

Más allá de la expropiación de la tierra y la fuerza de trabajo, otra causa del genocidio del pueblo es la privatización de los servicios públicos de seguridad social. El pueblo desnutrido no sueña ni siquiera con un servicio público de salud. Enfermos, el acceso a un médico (0.25 médico por cada 1.000 habitantes) y medicinas es un lujo. Las condiciones sanitarias son inexistentes y deficientes para la mayoría. La mayor parte de la población carece de acceso al agua potable y saneamiento, sólo el 10% tiene acceso a la electricidad. Puerto Príncipe no tiene un sistema de recogida y tratamiento de basura. El poco alcantarillado que hay es de la época colonial. Las plagas de ratas y cucarachas son constantes. No cesa tampoco el azote de las enfermedades como fiebre tifoidea, dengue, paludismo, leptospirosis, sida, etc. En consecuencia, la esperanza de vida se acorta a los 53 años, con una tasa de mortalidad de 117 de cada 1.000 niños nacidos vivos menores de 5 años.

Este estado sangrante de necesidades se completa con la ya originaria expropiación al pueblo de sus instituciones políticas, su ejército y policía, así como de los medios de comunicación y educación. La educación está privatizada, es una mera mercancía capitalista. El 50% de los jóvenes y adultos con más de 15 años son analfabetos. Sólo el 2% concluye la secundaria. A la universidad accede el 1% de la población. El 80% de los niños y niñas que van a la escuela lo hacen en centros privados que especulan con el saber y ahogan más a los padres. Una vez allí, gracias a la privatización del contenido de la enseñanza son educados en los valores culturales del mercado ‘educativo’ capitalista. De quienes consiguen cierta formación, el 80% emigra.

Hoy, un mes después del terremoto del 12 de enero de 2010, el pueblo haitiano unge a sus muertos, heridos y desaparecidos con el óleo del ALBA y de todos los hombres y mujeres dignos del mundo. Haciendo recuento sólo desde 1998, los médicos cubanos se hicieron prójimos y están aplicando el ungüento de la ley primera a quienes fueron apaleados por el agresor imperialista mucho antes del temblor. Desde entonces, más de 6000 médicos han sanado solidariamente las heridas de miles de haitianos lacerados por la injusticia de este mundo. Han realizado más de 14.000.000 de consultas médicas, 225.000 cirugías, 100.000 partos, 47.273 operaciones de la vista. Las aulas cubanas se han abierto para graduar 570 haitianos en medicina, además de los 541 que siguen cursando la carrera. Es el mismo internacionalismo revolucionario que movió a la tierra de Bolívar y Miranda con el envío inmediato de casas de campaña, equipos médicos, medicamentos, alimentos, y a la condonación de la deuda económica de 167 millones de dólares. Es la ley primera que conmovió a Bolivia, Ecuador, Nicaragua y otros muchos países hermanos. Es el espíritu que ha comprometido a UNASUR[13].

El dolor de 500 años sigue clamando sanación en Haití. Es el grito de Enriquillo, Mackandal, Toussaint, Péralte que vuelven. Son los mártires comunistas que se levantan entre los escombros del imperio capitalista. Es el grito de: Jacques Stephen Alexis, miembro del Partido Comunista haitiano (PCH) y fundador del Partido de la Entente Popular (PEP) en 1959. Junto a los revolucionarios Charles Adrien-Georges, Guy Beliard, Hubert Dupuis-Nouillé y Max Monroe entraron clandestinamente en el país en 1961. Capturados por F. Duvalier, fueron torturados y desaparecidos; de Michel Corvington, asesinado en junio 1969 en Fort Dimanche; Fred Baptiste dirigente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Haití muerto en prisión en 1975; Jean Jacques Dessalines Ambroise, profesor comunista asesinado en 1965; Guy Lominy; Eddy Petit, asesinado en 1969; Lucien Daumec, afiliado a la Federación de trabajadores haitianos miembro del PCH, miembro del Partido Unión de los Demócratas haitianos (PUDA-comunista), torturado hasta la muerte con su hijo Frantz de 16 años; Mario Rameau, veterano dirigente comunista del PPLN, asesinado en 1965; Gérald Brisson, Secretario del CC del Partido Unificado de los Comunistas Haitianos (PUCH nacido de la fusión del PPLN Y del PEP), asesinado el 2 de junio de 1969. Es la unción de los 21 miembros del CC asesinados en 1969; Raymond Jean François; Jacqueline Volel Brisson, esposa de Gérald Brisson, organizadora de la resistencia comunista en Puerto Príncipe; Adrien Sansarik, miembro del Comité local del PUCH en Puerto Príncipe asesinado en 1969, compañero del Che Guevara en la operación guerrillera en el Congo; Jacques Jeannot, miembro de la dirección local comunista en la capital, asesinado; Alix Lamauthe, asesinado el 26 de marzo de 1969 junto a Roger Méhu, militante del PUCH. Es la unción de los 30 jóvenes comunistas asesinados el 14 de abril de 1969 en Fort Dimanche; de los centenares de simpatizantes comunistas y de izquierda asesinados el 22 de julio de 1969; de Fred Baptiste, guerrillero comunista, muerto en prisión en 1975; de Anthony Lespès, poeta y fundador del Partido Socialista Popular (PSP), muerto en 1978, a consecuencia de su encarcelamiento….[14]

Es el Caribe Cimarrón, que educado en la escuela de Pierre Roumel, grita por boca de Hilarius: ¡Fuera la Ocupación! ¡Construyamos el Socialismo! ¡Hagamos la Revolución![15]

[1] Miembro de la Asociación Latinoamericana de Economía Política Marxista (ALEM).
[2]Cfr. Jamérico Lugo, Historia de Santo Domingo. Edad media de la Isla Española. Desde 1566 hasta 1608 (Santo Domingo, 1952); Haití: Primera Nación Independiente de América Latina: Todo es Historia (Buenos Aires) nº 245 (1987); E. Cordero Michel, La Revolución Haitiana y Santo Domingo (Santo Domingo, 1968); Junius P. Rodriguez (ed.), Encyclopedia of Slave Resistance and Rebellion [2 vols] (Greenwoods Press, 2006).
[3] Haití: Primera Nación Independiente de América Latina: Revista Todo es Historia (Buenos Aires), a. c.
[4] José Luciano Franco, Historia de la Revolución de Haití (Santo Domingo: Editora Nacional, 1971) 137-141, citado en: Haití: Primera Nación Independiente de América Latina: Revista Todo es Historia (Buenos Aires) nº 245 (1987).
[5] Cfr. O. A. Thomson, Huida a la libertad. Fugitivos y cimarrones africanos en el Caribe (México: Siglo XXI, 2005).
[6] Cfr. James Barskett; Placide-Justin, Histoire Politique et statistique de L’île d’Hayti (Paris: Brière Libraire, 1826); O. A. Thomson, Huida a la libertad. Fugitivos y cimarrones africanos en el Caribe, o. c.
[7] Cfr. José Luciano Franco, Historia de la Revolución de Haití o. c.
[8] Decimos formalmente, porque, materialmente, el imperialismo capitalista nunca puede eliminar la esclavitud (sea involuntaria (física), o ‘voluntaria’ (salarial)) porque hacerlo sería su propia negación.
[9] Junius P. Rodriguez (ed.), Encyclopedia of Slave Resistance and Rebellion, o. c.,; Irma Leites, Un genocidio prolongado en el tiempo, 13 de enero 2010. http://www.albatv.org/Haiti-un-genocidio-prolongado-en.html.
[10] Dan Beeton, Erase una vez el país más rico de Las Antillas. 200 años de terremoto económico en Haití: Rebelión, 3 de febrero de 2010.
[11] A. E. Ceceña, H. Miranda, D. Barrios, R. Yedra, La jugada del Caribe: Rebelión, 3 de febrero de 2010.
[12] Ibid.
[13] José Steinsleger, Haití, Cuba y la ley primera: La Jornada, 3 de febrero de 2010.
[14] Les martyrs communistes de l’indépendance haïtienne, publicado el 26 de enero de 2010
http://socio13.wordpress.com/2010/01/26/les-martyres-communistes-de-lindependance-haitienne/
[15] Jacques Stephen Alexis, Compère général Soleil (Paris: Gallimard en 1955).

domingo, 24 de janeiro de 2010

HAITÍ: EL ABISMO

EL ABISMO DE HAITÍ
Después de unos dias de interiorizarme lo más intensamente posible acerca de la tragedia de los haitianos, tragedia de larga data que nace en el exterminio masivo que los españoles produjeron en los indígenas de esta isla, que continuó con el esclavismo exacerbado y terrorista a que sometieron los franceses a los esclavos negros traidos de África, que se consolidó con la destrucción de los intentos de los haitianos afrodescendientes por autodeterminarse soberanamente como una nación, destrucción en la que tuvo la mayor responsabilidad posible el neoimperio estadounidense al invadir la isla más de una vez, al establecer en ella las dictaduras titiritescas de los Duvalier, al intervenir contra Aristide en un golpe de estado, etc...al interiorizarme, digo, acerca de esta tragedia, encontré la necesidad finalmente de reflexionar acerca de ella y expresar el resultado de mis reflexiones...
1) DEMOSTRACIÓN DE LA HIPOCRESÍA DE LOS GOBIERNOS LATINOAMERICANOS QUE COLABORARON CON EL ESTABLECIMIENTO DE LA SOLDADESCA DE LA ONU EN HAITÍ.
Al momento de que en Haití se produjo el terremoto estaban sobre sus tierras establecidas firmemente las milicias enviadas por varios paises, incluyendo grandes contingentes de soldados uruguayos y brasileños, bajo el comando de la ONU. Durante los largos años en que estas milicias ocupantes permanecieron en Haití su pobreza no se vió resuelta ni un ápice, su calidad de vida no avanzó con notoriedad alguna...en fin, la vida de los haitianos no cambió más que en el hecho de que vieron pasearse por sus calles y tierras a estos miles de soldados que no hicieron más que garantizar que Haití siguiera estando como estaba...¿Para que enviar soldados cuando Haití necesita muchas más escuelas, muchos más hospitales, sistemas de seguridad medioambiental para prevención de terremotos y catástrofes climáticas, labor científica, traspaso de conocimientos, contribuciones a la salud sexual y el control de la natalidad en un pais con una población dificilmente sostenible en un país con escasas tierras agricolas, aportes indispensables de tecnicas y medios para el uso razonable de estas tierras cultivables, que cada vez más se encuentran empobrecidas y erosionadas por el mal uso masivo al que recurren los pobres a causa de su hambre e ignorancia.? ¿Para qué soldados? ¿Para alardear de buena voluntad? Llamo a la vergüenza pública al gobierno de Tabaré Vazquez en Uruguay y a igual vergüenza pública al gobierno de Brasil, porque la mano que debieron tender debia constituirse con muchos menos soldados y muchísimos más medicos, maestros, científicos y técnicos, con muchísimas más construcciones de medios para la subsistencia y la superación del pueblo haitiano. Y el que menos tiene disculpas es el gobierno de Brasil puesto que al tiempo que pretendian con esta mezquindad ayudar al pueblo haitiano acrecentaba su riqueza petrolífera con el descubrimiento de nuevos yacimientos y aumentaba la inversión a fin de mejorar y potenciar su logística bélica, lo cual es posible porque Brasil es hoy una de las potencias económicas emergentes a nivel mundial. ¿Qué clase de hipocresía y falta de hermandad de un gobierno latinoamericano hacia un pueblo latinoamericano empobrecido se revela aquí? La más baja, la más despreciable.
2)DEMOSTRACIÓN DE QUE EN HAITÍ ACABA DE OCURRIR UN GENOCIDIO
Debajo de este reflexión dejo un texto que la apuntala...
En Haití murieron más de cien mil personas en pocos minutos y lo hicieron tan masivamente y no en numero de decenas o centenas como hubiera sido en un país como Japón porque sus casas estaban construidas con pobre resistencia. Estas casas estaban construidas con pobre resistencia y sin pensar en prevención alguna frente a un posible terremoto que todo científico entendido en el tema conocería en su posibilidad (pues hay muy cerca de Haití una falla geológica)...porque en Haití ni siquiera está resuelto el problema del alimento y el agua para sus habitantes, independientemente de este terremoto. En Haití no están resueltos estos problemas ni ha habido prevención frente al terremoto, entonces, a causa de la pobreza generalizada de la población cuya esperanza de vida promedio es una de las más bajas del mundo. Esta pobreza, a su vez, es producto de la falta de una conducción apropiada del país incluyendo la corrupción y falta de interés por el pueblo de sus gobernantes...e incluso por la falta simple y llana de conducción soberana de la nación haitiana. ¿A que se debe esta falta de una conducción soberana y responsable de Haití por parte de sus gobernantes? Se debe, simplemente, a la intervención extranjera, que destruyó y descompuso sistemáticamente las instancias de autodeterminación del pueblo haitiano, siendo las potencias occidentales directamente ocupadas en esta sistemática descomposición y manipulación de la política haitíana la Francia de Napoleón el cornudo y Estados Unidos, país en el que los afroamericanos siguen viviendo en barrios-guettos o en ciudades-guettos, para vergüenza y escarnio de una nación que dice ser representante mundial de la democracia. Así pues...atando hilos...si murieron tan masivamente los haitianos el dia del terremoto fue por la intervención política extranjera que condujo a la descomposición política del país, que condujo a una pésima conducción o falta de conducción de los intereses del pueblo haitiano, que por ello cayó en la pobreza, que por lo tanto no tiene a su disposición los medios para subsistir dignamente y mucho menos para prevenirse de un terremoto de esta magnitud. Por lo tanto, si vemos a los cadáveres de los haitianos transportados apilados como basura en camiones para ser trasladados a grandes fosas comunes en las afueras de Puerto Príncipe y empujados finalmente a ellas con palas mecánicas...esto podemos verlo como el síntoma de un lento genocidio que ha tenido su culminación el dia de la tragedia. Y podemos decir que este es un genocidio porque una vez establecido que la mortandad masiva tiene como responsable indirecto pero frontal a la intervención extranjera en Haití podemos preguntarnos porqué esta intervención ha sido tan brutalmente destinada a descomponer política, económica y socialmente al pueblo haitiano, de un modo que no lo ha hecho con otras naciones caribeñas...y la respuesta contundente es...porque es un pueblo netamente afroamericano.
"Ensayo de materiales en Haití
18 Ene 2010
por Isaac Rosa
No sé si han visto alguna vez las pruebas a que son sometidos un mueble, un juguete, una estructura o cualquier producto antes de su fabricación y uso: los llamados ensayos de materiales, por los que en laboratorio reciben sobrecargas, son doblados, golpeados, estirados, y todo tipo de perrerías para comprobar su calidad y resistencia.
Pues los desastres naturales funcionan a la manera de esos ensayos, sirven para poner a prueba la solidez de un país. Así, un terremoto de la misma intensidad causa decenas de miles de muertos en Haití, pero sólo unas docenas en Japón o Estados Unidos. Incluso dentro de un mismo país los desastres delatan la desigualdad entre ciudades, y un huracán de fuerza cinco puede dejar miles de muertos o sólo una decena, dependiendo de si golpea Nueva Orleans o Miami.
Un desastre natural dice mucho de una sociedad, de la preparación de sus infraestructuras y servicios para resistir, pero sobre todo para recuperarse, pues en casos como el de Haití las peores réplicas serán en forma de hambre y enfermedad. La ONU podría usar los terremotos y huracanes como un elemento más al calcular el Índice de Desarrollo Humano. Ahí está el caso de Cuba, por ejemplo, modélica ante los frecuentes ciclones, y que el día del terremoto evacuó a más de 30.000 personas en pocas horas por si había un tsunami, y a continuación mandó cientos de médicos a Haití.
Todo ello demuestra algo que estos días se repite: que no mata tanto el terremoto como la pobreza del sitio sacudido. Y en esto Haití, tras décadas de expolio, corrupción y tutelas extranjeras, ha resultado ser un taburete de cartón sometido a una prueba de resistencia propia de sillas de hierro. Así ha quedado.
3) DEMOSTRACIÓN DE QUE EL PUEBLO DE HAITÍ NECESITA EN PRIMER LUGAR QUE SE LE RECONOZCA SU DIGNIDAD Y SOBERANÍA
Estados Unidos y Francia, como responsables frontales aunque indirectos del abismo en que yace hundido Haití deberían compensar este crimen transfiriendo al pueblo haitiano las riquezas que sean necesarias para que este pueblo alcance el estatus de vida que hubiera tenido hoy dia en caso de no haber sufrido las intervenciones que hoy lo tienen deshecho. Por supuesto que este deber de compensación, mucho mayor que el deber de hermandad que tienen los latinoamericanos, pues parte de una actividad criminal que debe ser redimida de algún modo, no será cumplido, sino que en cambio veremos a los europeos y estadounidenses dar de sus economías lo que de acuerdo a las dimensiones de las mismas sería algo así como sacar una moneda de un monedero repleto de billetes apretujados, con el solo fin de compensar su hipocresía histórica, su culpa histórica, en un acto de munificencia parecido al que hacen los ricos en las puertas de las iglesias con los pobres que estiran sus huesudas manos para pedirles una limosna. La mirada compasiva no es una mirada que dignifica al otro sino que es una mirada en la que se esconde por un lado la oscura sospecha de que el otro tal vez se merezca sus padecimientos por ineptitud o mala conducta y por el otro la vanidad de estar un escalón por encima y lejos de la tragedia que el otro padece. No es compasión lo que necesitan hoy o necesitarán mañana los haitianos sino que se reconozcan sus derechos a participar de los conocimientos civilizatorios que hoy posee la humanidad y que una minoría acapara en el secreto y la soberbia científica, y que se reconozcan por sobre todas las cosas su derecho a vivir dignamente, que no es otra cosa que su derecho a vivir de acuerdo a su propio bienestar y futuro, con soberana autodeterminación. ¿Acaso Haití tiene hoy esos derechos reconocidos? Si contemplamos la ridicula inercia de su actual gobernante, el presidente Preval, y la desarticulación en la que han caido sus estructuras políticas psicológicamente subordinadas a la intervención extranjera constante y en forma de soldadesca, podemos decir que NO, y que por lo tanto esta es la mayor exigencia que nace y permanece en tanto persista este genocidio.
Un saludo cálido a todos, Fernando Gutiérrez Almeira, filósofo virtual.
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